El poder de la caricia

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Por Inés Barbero Paniagua, Directora Gabinete Dinaf

Dicen que el nacimiento es una de las experiencias más traumáticas del ser humano. Esto es un hecho que no se puede probar a ciencia cierta, entre otras cosas porque no nos acordamos de cuando nacemos. Pero lo que sí es cierto es que los recién nacidos pasan de un estado totalmente placentero y seguro dentro del vientre de su madre, a un nuevo mundo frío, hostil y completamente desconocido para ellos.

Está en nuestra mano devolverles esas sensaciones de seguridad  y bienestar que tanto necesitan los primeros días de vida, así como llenarles de experiencias placenteras a través de las cuales le abrimos un nuevo mundo por descubrir. El óptimo desarrollo de un bebé no sólo depende de una alimentación sana y equilibrada y de buenos cuidados. Al igual que nosotros, los adultos, que necesitamos en determinados momentos un abrazo, una sonrisa, una caricia…, los bebés también, más que nunca. Necesitan ser acunados, que les hablemos, que juguemos con ellos, acariciarlos, masajearlos … Sí, masajearlos. No se trata ni mucho menos de sesiones de masaje propiamente dicho, sino de acariciarlos con un sentido, alimentarles no sólo el estómago sino la piel también. Es en estos primeros meses cuando más van a necesitar de nuevas y agradables experiencias, ahora cuando se están formando las bases de su desarrollo y cada sensación aporta información nueva a su pequeño cerebro todavía “en construcción”.

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Existe una práctica india milenaria que recoge una serie de ejercicios y juegos en forma de masajes que las mamás y papás pueden aprender para realizar con sus bebés ya que es una técnica muy sencilla y con la que podemos conseguir grandes beneficios para nuestros hijos. Se trata del método Shantala y, a través de sus ejercicios, podemos conseguir logros como:

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  • prevenir y calmar los cólicos, gases y los dolores de tripita que en general son muy comunes los primeros meses de vida,
  • atenuar el sentimiento de separación que experimentan después del nacimiento,
  • fortalecer el vínculo materno/paterno – filial
  • estimular todos los sentidos, sobre todo el del tacto (sentido primordial en estos primeros meses de vida),
  • ayudar a fortalecer todas las articulaciones,
  • aumentar las defensas y fortalecer el organismo del bebé,
  • estimular los sistemas respiratorio, nervioso, digestivo, muscular y circulatorio,
  • adquirir tranquilidad en el sueño,
  • potenciar la capacidad de reacción al espacio que lo rodea,
  • relajar y eliminar posibles tensiones en el bebé,
  • aumentar la autoestima del bebé,
  • ayudar al bebé a conocer su cuerpo e ir formándose una imagen de sí mismo,
  • ayudamos también a que conozca sus propios límites.

Resulta también una experiencia estimulante no sólo para los bebés sino para los padres también. Es una práctica muy sencilla que se puede aprender sin dificultad y cuyo maestro va a ser siempre su hijo.

Tras años de trabajo con bebés, recomiendo a las madres y padres que practiquen con sus hijos este método ya que, a parte de los grandes beneficios descritos anteriormente, se da comienzo a un lenguaje mucho más rico entre padres e hijos donde no sólo las palabras entran en juego.

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