Campamentos de verano: ¿Qué aportan a los niños?

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DESARROLLO PERSONAL

Por la psicóloga Patricia Peyró. @patriciapeyro

Lo que para nosotros suponen los recuerdos de “aquellos maravillosos años” vinculados a nuestra infancia son hoy una realidad para nuestros hijos. Con las vacaciones vuelven los campamentos de verano y la posibilidad de que también ellos vivan esos momentos mágicos pero llenos de aprendizaje.
A finales de junio los padres nos hacemos todos la misma pregunta: ¿qué hacer con los niños durante tres meses? Llevarlos a un campamento promete ser una solución beneficiosa para ellos, además de un alivio para los padres que trabajan y necesitan dejar a sus hijos en un lugar seguro.

Mientras juegan y descansan en verano, los niños asimilan todo lo aprendido durante el curso, desarrollan la autonomía y aprenden a ser más responsables.

Mientras juegan y descansan en verano, los niños asimilan todo lo aprendido durante el curso, desarrollan la autonomía y aprenden a ser más responsables.

¿Por qué son buenos?

Además de que el niño ha de actuar con autonomía, desarrolla la capacidad para ser responsable de sus cosas, de su aseo personal, y de la “gestión” de su ropa. Aprende por observación imitando al grupo, madurando cada día sin darse cuenta, y desarrollando el sentido de la responsabilidad con independencia de sus padres.
Otro beneficio está en los conocimientos que adquieren, a veces sobre temas totalmente desconocidos. Si van al clásico de las tiendas de campaña, abordarán técnicas de supervivencia y de acampada tales como orientarse, cómo y dónde hacer fuego o seguir rastros, además de aprender a convivir con la naturaleza.
Muchos padres aprovechan el verano para que los niños aprendan idiomas, incluso mandándolos al extranjero, fomentando su apertura al mundo global y enriqueciéndoles al conocer culturas diferentes a la suya.
Hacer deporte y jugar son otro de los clásicos favoritos en los campamentos de verano, y con toda razón, ya que no hay que olvidar que los niños están de vacaciones y no deben percibir la estancia como algo exigente, sino como un episodio lúdico en sus vidas, en el que harán buenos amigos.

¿A partir de qué edad mandarlos?

El momento lo marca el niño. Es muy importante no forzarlo a ir si no quiere, ya que le esperan largas jornadas alejados de sus figuras de seguridad, y si no tienen la madurez necesaria podrían pasarlo mal innecesariamente.

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[La Revista de Montecarmelo]

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